LAS MULTITUDES (El spleen de París)

“Sumergirse en la multitud no es para todos: gozar de la muchedumbre es un arte; una francachela de vitalidad a expensas del género humano y sólo puede dársele uno al que el hada inspiró desde la cuna el gusto del disfraz y la máscara, el desprecio por el domicilio y la pasión por viajar. Multitud, solitud: términos iguales y convertibles para el poeta activo y fecundo. Quien no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar solo en medio de una muchedumbre atareada. El poeta disfruta de ese incomparable privilegio, porque puede ser él mismo y otro, según su voluntad. Como almas errantes que buscan un cuerpo, entra cuando quiere en el personaje de cada quien. Sólo para él, todo está disponible y si ciertos sitios parecen estarle vedados es que a su criterio no vale la pena visitarlos. El paseante solitario y pensativo obtiene una singular ebriedad en la comunión universal. El que desposa fácilmente a la multitud conoce febriles alegrías, de las que eternamente se verá privado el egoísta, cerrado como un cofre, y el perezoso, enquistado como un molusco. El adopta todas las profesiones, todas las dichas y todas las miserias que la circunstancia le presenta. Lo que los hombres llaman amor es demasiado pequeño, demasiado restringido y demasiado débil, comparado con la inefable orgía, la santa prostitución del alma que se da entera, poesía y caridad, a lo que imprevistamente aparece, al desconocido que pasa. A veces es bueno enseñarle a los felices de este mundo, más no sea para humillar un instante su estúpido orgullo, que hay una felicidad superior a la suya, más vasta y más refinada. Los fundadores de colonias, los pastores de pueblos, los sacerdotes misioneros exiliados en el fin del mundo, sin duda algo conocen de esas misteriosas embriagueces; y, en el seno de la vasta familia que su genio creó, a veces deben reírse de quienes los compadecen por su suerte, tan agitada, y por su vida, tan casta.” (Baudelaire,1.869.p.34/35/36)

Isabelle Eberhardt -“Los diarios de una nómada apasionada”

“Estoy sola, sentada frente a la inmensidad gris de un mar murmurante… Estoy sola… sola como lo he estado siempre en todo lugar, como lo estaré siempre por el Gran Universo cautivador e ilusorio… sola, con todo un mundo tras de mí de esperanzas defraudadas, de ilusiones muertas y de recuerdos cada día más lejanos, tanto que se han hecho casi irreales. Estoy sola, y sueño… […]

[…] sola, sola para siempre en la soledad altiva y sombríamente dulce mi alma, seguiré mi camino por la vida, hasta que suene la hora del sueño eterno de la tumba… Y la eterna, la misteriosa, la angustiosa pregunta aparece una vez más: ¿dónde estaré, en qué tierra, bajo qué cielo, a esta misma hora dentro de un año?… Lejísimos, sin duda, de esta pequeña ciudad sarda… ¿En dónde? ¿Seguiré aún entre los vivos ese día?”

Saltemos

un paso se convierte en un salto
vamos!
estamos hechos para volar
prendiendo fuego a todo
vamos!
estamos hechos para volar
no tengo nada de que despedirme
no tengo nada que me mantenga acá
el cielo es nuestro lugar
son recuerdos nada más
sobre sentimientos que ya no estan
son palabras y momentos
que ya comencé a olvidar
por eso…
vamos!
el cielo es nuestro y estamos hechos para volar

Maquevue

Freud y la muerte — FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTO

“¿No sería mejor dejar a la muerte, en la realidad y en nuestros pensamientos, el lugar que por derecho le corresponde, y sacar a relucir un poco más nuestra actitud inconsciente hacia ella, que hasta el presente hemos sofocado con tanto cuidado? No parece esto una gran conquista; más bien sería un retroceso en muchos […]

Freud y la muerte — FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTO

Sálvame

Alejandro Huerta

¿Sabes? Digo, ¿sabes algo? No contestes. Claro que sabes. Todo el mundo sabe algo. Pero yo, yo no sé una mierda. ¿Entonces no todo el mundo sabe algo? No es que me sienta una mierda. ¡Cállate! Déjame terminar de hablar. Quiero decir que ignoro muchas cosas. Cosas que me fueron negadas por mis deficiencias cognitivas. ¿Comprendes? Mira, digo, escucha, o sea, lee, o qué sé yo, usa tus sentidos para comprenderme. De verdad, necesito que me escuches, o que me leas, o que me ayudes. ¡Ayúdame! No me dejes solo. No, ¡espera! Tú no existes. ¿O sí? Ven a salvarme. ¡Sálvame de la soledad! Por favor, te lo suplico, sálvame de esta desnudez. ¿Qué quieres de mí? No tengo nada que ofrecer. Tu ayuda debe ser desinteresada. Por amor a ti. Ven. Ahora. A. Salvarme. Por favor.

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